Viernes 16 de mayo de 2008

La peor decisión

Error: Acción desacertada o equivocada. Cosa hecha erradamente.

Cuando terminó el partido ante la Liga me acordé de aquella falla ante River de Oscar Passet en la Copa Libertadores de 1996. En esos Cuartos de Final, en el partido de Ida jugado en San Lorenzo, el Flaco falló en un tiro libre: aún no se entiende qué quiso hacer con sus manos y la pelota. Su duda rebotó en el travesaño para dejarle servido el gol del triunfo a Ariel Ortega.

Anoche, el arquero de San Lorenzo también cometió un error grave que le posibilitó un gol al rival. Sin embargo, existen diferencias entre la falla de Passet y esta reciente de Orión. La primera fue una "Acción desacertada o equivocada. Cosa hecha erradamente", mientras que la segunda cosecha la misma definición, aunque hay que sumarle otra: Irresponsabilidad, "Dicho de una persona: Que adopta decisiones importantes sin la debida meditación".

Usted me dirá que Orión no tenía tiempo para meditar una rápida decisión. Sí, la tuvo. O mejor dicho la tiene que tener. Un profesional de su talla, con varios partidos en Primera, debe saber que en estos encuentros de Copa Libertadores no se puede dar ningún tipo de ventaja, y que la concentración en el juego es tan importante como la madurez mental. Que no se puede regalar nada en estos choques, lo tiene que saber desde antes de salir al campo, más él que –quiero creer- se dará cuenta que con los pies no es un especialista.

Inclusive, en la jugada que ayer derivó en el gol de Bieler, Orión tuvo tiempo para rechazar, acomodar y pasar la pelota. Si bien nunca es conveniente darle el balón al arquero, la entrega de Aguirre no fue defectuosa ni complicada. Aclaro porque en San Lorenzo la culpa siempre es de Aguirre. Si Silvera se erra un gol es por culpa de Aguirre, que en ese momento tenía que estar en el rebote para meterla. Si Bottinelli pega un codazo descalificador la culpa es de Aguirre, porque él debió cruzar la cancha y sacársela limpita a Falcao. ¡Por favor!

Retomando al tema en cuestión, no se justifica en lo más mínimo que el arquero de San Lorenzo se ponga a hacer jueguito dentro del área en unos Cuartos de Final de una Copa Libertadores como si estuviese en la playa jugando con amigos.

Este infantil proceder de Orión puede costar muy caro. El jugador tiene que entender que San Lorenzo, como su gente, ha hecho un esfuerzo enorme para conquistar esta Copa Libertadores, y que el equipo no puede darse el lujo de regalar un gol así –y más en condición de local- cuando aún no se ha ganado absolutamente nada.

Algunos anoche, equivocadamente –no es el momento-, pedían por Sebastián Saja. Nadie va a cuestionar las aptitudes físicas y técnicas del Chino, pero él también supo tener este tipo de desinteligencias, como ante Olimpo en 2003, cuando quiso salir gambeteando innecesariamente y se la robaron. Hoy el arquero es Orión. El puesto se lo ganó y lo tiene merecido, a pesar de que anoche tomó la peor decisión en el partido de Libertadores más importante de San Lorenzo en los últimos doce años.

Si Orión hubiese querido enganchar y eludir a un rival, o pateaba y le pifiaba, no tendría sentido criticarlo porque estaríamos hablando de una falla técnica que todo futbolista puede tener, como le pasó a él mismo en México ante Toluca, en la Sudamericana de 2006, cuando se le escapó una pelota que terminó al fondo de la red.

Acá lo que se juzga es la actitud, la falta de coherencia y, por sobre todo, la irresponsabilidad en un arquero que, hasta anoche, parecía ser sobrio y maduro. Por suerte Orión y San Lorenzo tendrán revancha el próximo jueves. Sólo un pasaje a las semifinales podrá obviar esta “macana”.

De lo contrario el error sólo le valdrá a él para no volverlo a cometer, pero al Ciclón de nada le servirá si no accede a la siguiente instancia, ya que se sabe que Orión tiene destino europeo.

Publicado por Román Perroni a las 08:09 | Enlace permanente | Comentarios (3)

Lunes 12 de mayo de 2008

Regalamos tres puntos



¿Quiere que le confiese algo, estimado lector? Realmente estoy triste por la oportunidad que San Lorenzo dejó pasar en el torneo local. Algunos me dirán que lo que importa es la Copa y que uno se pone en exigente. ¿Cómo no serlo tratándose la crítica hacia un equipo grande? Pregunto: Por haber eliminado a River de la manera en que se dio, ¿significa que ya ganamos la Libertadores? Respondo: Decididamente no. Más allá de festejar como todos esa hazaña en el Monumental, entiendo que aún no se ganó nada. Y no lo dice quien escribe estas líneas, sino los jugadores y el propio Ramón Díaz.

Por eso a uno le cuesta digerir el partido ante Independiente. Por cierto, un Independiente desconocido. Muy flojo y ganable en todo sentido. ¿Por qué no se ganó entonces? Porque la cabeza de los jugadores pareció estar en otro lado. Y esto se aprecia por cómo San Lorenzo jugó este clásico.

Nada tiene que ver Ramón Díaz en esta humilde crítica, quien utilizó a lo largo del partido a casi todos los titulares, o sea, jugadores suficientemente capacitados técnicamente para vencer al rival de turno. Y fue al frente, eh. Ayer no escatimó nada, pero sus dirigidos no supieron cómo trabajar una victoria.

A pesar del esquema ofensivo y la entrega de los futbolistas, no hubo remates al arco defendido por Assman, un arquero tan inseguro como la Avenida Perito Moreno. El único disparo fue el de D´Alessandro de tiro libre, que apenas salió desviado. Después, mucha ida, fuerza, lucha y empuje, pero pocas ideas para quebrar una defensa ordenada, que se limitaba a cuidar su arco y generar contragolpes, nada más.

Se abusó de los centros, y nadie se dio cuenta de que esa vía era la equivocada. El Ciclón no ganó con ningún cabezazo. Había que patear al arco como hizo D´Alessandro ante Gimnasia, en donde tuvo sus frutos ante un arquero tan débil como el del Rojo.

Asistimos a ver un equipo “light”, al que se le agradecerá por siempre la batalla ganada en Nuñez, pero a la que también le vale la crítica por lo mal que jugó ante Independiente. Por más Libertadores en juego que haya, San Lorenzo estaba puntero a seis fechas del final, no supo cómo resolver un encuentro accesible y se bajó del lote de los líderes cuando tenía todo para seguir arriba.

Anoche no hubo problemas de cansancio ni nada. Se ven jugadores bien preparados y con mucha entrega, eso es algo fuera de discusión. Hoy un jugador de San Lorenzo, por cómo se lo atiende y por el confort que adquiere para desarrollar su actividad, no puede estar en desventaja física. Eso que no se puede jugar dos partidos en una semana es una excusa nomás que tanto daño le hace a nuestro fútbol. ¿Por qué cuando emigran al fútbol europeo no se excusan al jugar dos veces en siete días? En la Argentina sólo existe este verso.

El problema fue que el equipo no mostró ese convencimiento que tuvo ante River. Mentalmente lo encaró diferente, y la repercusión futbolística estuvo a la vista: un San Lorenzo tibio con la pelota, con poco volumen de juego y que no tuvo el gesto ofensivo más convencional: el remate.

Para no caer en lo mismo, y si es cierto que la prioridad es la Libertadores (por más que se diga que apuntan a ambos frentes), que en los próximos encuentros domésticos Ramón ponga un mix entre suplentes y jugadores de Reserva para que no vuelva a pasar lo mismo. Quizás sea el turno para Bianchi Arce, Meza, Martínez, Acosta y Chávez. Quizás sea lo más conveniente para no regalar más tres puntos.

Publicado por Román Perroni a las 00:41 | Enlace permanente | Comentarios (20)

Martes 22 de abril de 2008

Que Emiliano no nos tape el bosque



No hay santos. ¡Justo en San Lorenzo, qué paradoja! Pero es así. Sucede que todos tienen una responsabilidad y, en ella, equivocan acciones que sorpresivamente han irritado en demasía a los hinchas, casualmente en un momento en que el equipo está en los Octavos de Final de la Copa Libertadores después de doce años y con la real posibilidad de ponerse a tres puntos de los líderes del Clausura (River y Estudiantes) cuando faltan 24 unidades por jugarse.

Es cierto que se puede estar mejor, futbolísticamente hablando, claro. Siempre hay margen para crecer. Será cuestión de ajustar las tuercas de cada pata que compone a este presente de San Lorenzo de Almagro.

A Ramón Díaz se lo puede criticar por las cuestiones que hacen a su función, la de entrenador. Él emplea los cambios, el planteo y la inclusión de ciertos jugadores. Como todos los que hacen a este San Lorenzo se equivoca y acierta. Si juega Emiliano es bajo su responsabilidad, supuestamente sustentada por quienes dieron el visto bueno cuando el ex Platense firmó contrato en Boedo.

Guste o no, hoy Emiliano Díaz, como su hermano Michael, forma parte del plantel profesional. No lo impuso el técnico. Lo trajo, y en su momento lo aceptaron sin objeción alguna. En ese entonces, inclusive para muchos sanlorencistas, Ramón era “Dios”. Banderas “San Ramón”, que “Gracias Ramón” y “Quedate para siempre Ramón”. El riojano coqueteó con River y luego de su decisión final, la gran mayoría festejó la continuación “del proyecto”. Tal es así que Rafael Savino ganó con el sí de Díaz las elecciones pasadas, ni más ni menos. Inclusive la oposición pidió la continuidad del técnico. Hasta Tinelli en su programa confío en la palabra del Pelado. Todos estaban contentos. La Copa (bendita Libertadores) era la obsesión.

Futbolísticamente hablando, a Emiliano también se lo puede criticar. Su rendimiento no ha sido bueno, como el de otros jugadores que integran este plantel. Si de analizar minuciosamente el encuentro contra Argentinos se trata, es cierto que el volante jugó mal, pero tampoco varios de sus compañeros fueron cracks de galera y bastón. En el primer tiempo, sacando el contragolpe del penal, la jugada más peligrosa fue un disparo de Emiliano Díaz que Torrico manoteó al corner. En una cancha reducida, donde había que patear mucho, sólo él se animó. El resto tampoco lució. Mal el Chaco Torres y Hirsig, por citar algunos bajos rendimientos.

¿O en San Lorenzo todos los que cumplen funciones están idóneos para el área que manejan? En ese caso, muchos "hijos de" hay en el club.

Además, el puesto de número 8 está vacante en San Lorenzo. La idolatría por Rivero no condice con lo que viene jugando el Burrito, quien disputa la mitad de los partidos del año por continuas lesiones. ¿Cuánto más podría haber hecho este Rivero el último domingo? Quizás era el momento para algún valor de inferiores, como el chico Damián Martínez, quien viene actuando muy bien en Reserva.

Ahora, ¿es culpa de Emiliano que Bottinelli pierda su marca en la jugada del penal de Aguirre? No, es error de su padre, que no debió tocar la defensa, ya que Voboril estaba teniendo una correcta labor. ¿Por qué no darle otra chance a Bianchi Arce? El central mostró más criterio que Bottinelli cada vez que le tocó entrar. Hoy la defensa azulgrana disimula porque está Méndez, sino Orión tendría que ir a buscar más seguido la pelota al fondo de la red.

Los noventa minutos ante el Bicho, desataron declaraciones que el periodismo ya tomó como polémicas. Varios actores de este San Lorenzo salieron a relucir sus puntos de vista.

Marcelo Tinelli: Criticó lo hecho por Ramón Díaz ante Argentinos Juniors, haciéndose eco del malestar generalizado de los hinchas del Ciclón. Su palabra, se sabe, no es la de un hincha más, ya que la misma se instaló en todos los medios de comunicación y provocó la reacción del entrenador. Sólo falta esperar si su opinión influirá en las decisiones de Díaz.

Orión: Minimizó lo que declaró Tinelli. Lo hizo en radio La Red, emisora que compite con Del Plata. El arquero fue responsable del segundo gol de Argentinos y, lejos de lamentarse por ello, terminó la charla con Mariano Closs hablando de su futuro pase al fútbol inglés. Mientras Tinelli –con justa razón- aseguró que le molesta que Ramón Díaz hable de River, Orión habló sobre la posibilidad de irse a mitad de año al Tottemham. Inoportuno sabiendo que San Lorenzo está metido en la disputa del Clausura y en vísperas de los Octavos de Final de la Copa Libertadores.

Ramón Díaz: Como todo entrenador, tiene aciertos y errores. Contra Argentinos le salió todo al revés y su táctica conservadora dejó a San Lorenzo con las manos vacías, cuando debió llevarse todo de La Paternal. Es criticable la inclusión de Emiliano, como también la de otros jugadores que no están pasando un buen momento. Si sólo se critica la entrada de su hijo mayor, se estarán obviando otras fallas graves que refleja el equipo, como también el bajo rendimiento de varios futbolistas, caso Aguirre, Bottinelli, Placente, Rivero, Hirsig, Chaco Torres y Romeo.

Rafael Savino: Extrañamente, ante tantos cruces mediáticos en medio de un momento crucial en la vida futbolística de San Lorenzo, el Presidente no habló y brilla por su ausencia.

¿Cómo sigue esta novela? Mañana ante Vélez. Sólo una victoria podrá calmar los estados de ánimos, en un fútbol donde únicamente mandan los resultados.

Publicado por Román Perroni a las 15:29 | Enlace permanente | Comentarios (12)

Martes 20 de noviembre de 2007

Lost, cuarta temporada



El silencio de Ramón Díaz hizo hablar a todos, hasta al oficialismo, pensante de planes para salir vivo luego del accidente inesperado que provocaron sus pares de River. Rumores, chismes y bombas retumbaron indiscriminadamente. Pero en San Lorenzo todavía se aguardan por hechos concretos, de puño y letra.

Ahora se habla de confiar en la palabra del técnico. Apropiado lo que declaró Tinelli anoche, pícaro y rápido para enviarle un mensaje al riojano. No te hagas el… distraído le quiso decir. Pues bien, en cambio, otro debe ser el proceder de la Comisión Directiva.

El Presidente de la institución azulgrana habló sobre la “palabra” que le habría dado Ramón. El socio del Ciclón todavía aguarda por las tantas palabras que se transformaron en promesas electorales que jamás llegaron. Primero hay que mirarse puertas adentro antes de señalar al vecino. Por cierto, ¿dónde está la Platea Sur gratis para los socios? ¿Y vuestra palabra, señores dirigentes? Ustedes también han sabido cambiar sobre la marcha a pesar de dar “su palabra”.

Además, cuidado con la palabra de Ramón. En primera vuelta vamos con Macri. En el ballotage, apoyemos a Filmus. En el siglo XXI, ¿vale la palabra o el juramento tanto como una firma? No, y en los siglos pasados tampoco. Siempre hubo “ciclotímicos”.

Hoy la dirigencia se muestra perdida casi sin poder intervenir, atada a la negociación que pueda entablar Ramón con los popes de Nuñez. Parece ser tarde. El Pelado dijo hace tiempo que quería firmar. “Pregúntenle a Savino”, había dicho tras una práctica. La cosa se dilató y las consecuencias pueden ser terribles, donde las urnas del 15 de diciembre podrían castigar a los responsables de esta reinante lentitud.

Sólo el riojano sabe cómo seguirá esta historia. Puede resolverla hoy, cuando hable con Savino. O el jueves, cuando enfrente a los medios de prensa. Por ahora hay dos hechos concretos: River vendrá en busca de Ramón; y San Lorenzo aún no logró renovarle el vínculo en vísperas de la Copa Libertadores 2008.

También puede ser que Ramón esté haciendo alguna de las suyas. Dicen que quiere poner a Aguilar de rodillas para decirle que no, dejando solo a quien lo echó crudamente en 2002. Este será otro rumor nomás.

Por lo pronto, los representantes de los socios del Ciclón, parecen perdidos en una isla, lejos de la realidad, intentando buscar una salida que no depende de ellos. Al menos que Ramón los rescate con una simple firma, esa que jamás debió esperar. El papelón mediático ya está consumado.

Publicado por Román Perroni a las 11:04 | Enlace permanente | Comentarios (1)

Miércoles 24 de octubre de 2007

Nuestro clásico



San Lorenzo y Huracán viven realidades diferentes, pero siempre guardan un parentesco que va más allá de su cercanía. Las declaraciones formuladas tanto por Agustín Orión como Jonathan Bottinelli (dos valores de inferiores) generaron polémicas tanto en Parque de los Patricios como en Boedo mismo.

Las palabras de los futbolistas del Ciclón no tienen mala intención alguna, ni se busca “calentar” un ambiente que supo –ojalá no lo sea más- ser peligroso, cobrándose hechos de violencia que repudiamos profundamente. Sin embargo, sus comentarios no tienen sustento porque la tradición marca lo contrario, aunque también vale destacar que sus pareceres son entendibles por el contexto que fueron transitando ellos como jugadores de San Lorenzo.

La diferencia, y sin entrar en “chicanas”, entre el Ciclón y el Globo son notorias. San Lorenzo supera ampliamente a Huracán en todo (léase partidos ganados entre sí, títulos locales e internacionales, socios, convocatoria, entre otros). Y en los últimos años, este contraste se aprecia más por el terreno que recorrió cada uno. Orión y Bottinelli, mientras estaban en las divisiones juveniles, veían a su club campeón local en 1995 y 2001; 2002 (Mercosur), para luego tener la posibilidad de integrar los planteles que obtuvieron la Copa Sudamericana (2002) y el Clausura 2007. En ese lapso, Huracán sufrió dos descensos y fueron cinco las temporadas que no se jugó el clásico. San Lorenzo también padeció el mismo mal. Jugó en la B, pero su gente supo diferenciarse. Lo que para Huracán y Racing fue una angustia, para el Ciclón se vivió como una fiesta popular y social. "Tan solo un año te vamos a seguir... Ciclón, adonde quieras ir...". Y vaya si la gente cumplió.

En esos torneos sin el Globo, notándose la ausencia del verdadero y original clásico del Ciclón, los hinchas –sobre todo los más jóvenes- buscaron un rival directo para entablar un cruce folklórico. Y el elegido fue Boca, equipo que San Lorenzo venció más veces en casi cien años de vida. Es el “hijo” que más se disfruta por estos tiempos...

Igualmente, la diferencia entre quemeros y cuervos no es de ahora: es histórica. Desde los albores del clásico, siempre se disputó como tal. Y por más que Huracán no haya tenidos los éxitos del Ciclón, no merece ser menospreciado, porque también supo ganarle a San Lorenzo con grandes equipos llenos de jugadores notables. Algunos de estos futbolistas, vistieron ambas camisetas, como los casos de Carricaberry, Doval, Facundo, Veira, Rendo y, para nombrar un profesional actual, Andrés Silvera.

El barrio siempre lo vivió al clásico con hermandad, con alguna que otra chicana. Pero cualquier veterano que peine canas sabrá contar con claridad lo que se vivía en la previa de este encuentro. Y ni hablar de cómo era después. Siempre aparecían las cargadas. Las sanas cargadas.

Lo único que lograron Orión y Bottinelli fue tocarles el orgullo a sus colegas “quemeros”, que seguramente se habrán sentidos dolidos o molestos con sus frases. Si el clásico de San Lorenzo fuese Boca, como intentó graficarlo el defensor, vale hoy la crítica: ¿Por qué lo respetaron tanto en el último partido? El Boca de este torneo es mediocre para abajo, muy ganable (muchos ya lo vencieron), y sin embargo Ramón Díaz tomó más recaudos que decisiones propias. Y así nos fue... ¡Qué partido ganable era, cuervo! Y no me vengan con que no había nueve. ¿Y las inferiores dónde están?

Ahora, ya que se metió a este club en el medio, no está de más aclarar que durante los años 30 y principios de los 40 los San Lorenzo-Boca (o Boca-San Lorenzo) eran los más taquilleros del país, superando al demás promocionado River-Boca. Si en ese período no hubiesen sucedido algunas cosas que sucedieron, y que ahora no vale la pena enumerar, quizás hoy sí podríamos decir que San Lorenzo es el clásico acérrimo de Boca, y viceversa. Pero el presente, por lo que pasó en casi cien años, es claro: Los clásicos son San Lorenzo-Huracán; Independiente-Racing; Boca-River; Newells-Central y Nueva Chicago Vélez.

Decir que nuestro “verdadero” clásico es Boca, es como aceptar a Vélez Sarsfield como nuestro rival más directo. Si de clásicos se trata, San Lorenzo tiene cinco: con los cuatro grandes más Huracán, que es el original, el de barrio, el más porteño de todos.

Seguramente Huracán toma este partido con más determinación que San Lorenzo. Por lo menos en estos tiempos. Se entiende que los cuervos piensen –y mejor que sea así- un poco más allá, como en la vuelta progresiva a Boedo (en esto incluyo el estadio) y la próxima Copa Libertadores. Quizás los “quemeros” tengan en este partido su único objetivo para esbozar una sonrisa. Y está bien, no es ninguna deshonra, porque estamos hablando justamente del clásico. Y más sabiendo que su clásico es el actual campeón. El desafío es doble.

Ninguno podrá contra la historia de dos instituciones a punto de cumplir cien años. El clásico porteño fue, es y será San Lorenzo-Huracán. Eso sí, que sea en paz, sin aquellos que quieren manchar este “duelo” de barrio que tiene una idiosincrasia que otros no sabrán comprender.

Publicado por Román Perroni a las 18:20 | Enlace permanente | Comentarios (9)

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