Un estadio que invita a soñar: así le fue a San Lorenzo cada vez que visitó el Defensores del Chaco

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Un estadio que invita a soñar: así le fue a San Lorenzo cada vez que visitó el Defensores del Chaco

En la previa del estreno copero, San Lorenzo vuelve a un escenario que quedó marcado en capítulos importantes de su historia internacional.

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Este miércoles desde las 19:00, San Lorenzo iniciará su camino en la Copa Sudamericana con la visita a Deportivo Recoleta por la primera fecha del Grupo D. El estreno continental será en Paraguay, nada menos que en el Estadio Defensores del Chaco.

Será la tercera vez que el Ciclón juegue allí por una competencia internacional, y las dos anteriores dejaron una coincidencia que ilusiona: en ambas ediciones, se consagró campeón.

La primera visita se dio en 2001, por la Copa Mercosur y bajo la conducción de Manuel Pellegrini. Fue en los cuartos de final, frente a Cerro Porteño. Después del 4-2 conseguido en el Pedro Bidegain, San Lorenzo viajó a Asunción y volvió a imponerse, esta vez por 2-1, con goles de Lucas Pusineri y Alberto “Beto” Acosta. Aquella noche selló el pase a semifinales, donde el equipo azulgrana dejó en el camino a Corinthians tras una goleada en la ida y un empate en la vuelta. Ya en la final, superó a Flamengo en una histórica definición por penales en el Bajo Flores para quedarse con la Mercosur.

El segundo antecedente remite a 2014, con Edgardo Bauza al mando y San Lorenzo frente a Nacional en la final de la Copa Libertadores. El duelo de ida, disputado en el Defensores del Chaco, terminó 1-1 gracias al gol de Mauro Matos, un empate que dejó la serie bien perfilada para la revancha en el Nuevo Gasómetro. Días más tarde, el conjunto azulgrana se impuso 1-0 con el penal de Néstor Ortigoza y selló la conquista de la primera Copa Libertadores de su historia.

Con esos antecedentes, el Defensores del Chaco vuelve a aparecer en el camino de San Lorenzo. Esta vez será el punto de partida en la Sudamericana, pero con un pasado que invita, al menos, a mirar de reojo y dejar que la ilusión también juegue su partido.