Maldito transporte público

Atomik

Maldito transporte público

Ir de noche a Avellaneda. Regresar tarde a casa, haciendo las mil y una para poder llegar entero. El subte que no anda, el tren que no sale, el colectivo que no llega. Todo por ver al Ciclón.

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Feo el horario. Ir a Avellaneda para que el partido comience a las 20.20 no es ninguna gracia. Pero llegar no fue ninguna proeza. Solo tuve que convencer a un policía de que me dejara pasar sin mi credencial hasta la estación de servicio, para tomar algo viendo Godoy Cruz – Olimpo, mientras esperaba a mi compañero.

Esta vez la hoja de ruta se basará en el regreso a casa, algo que costó, y mucho. Luego de tomar las declaraciones de Ramón Díaz, me dirigí rápidamente a la estación Avellaneda, que estaba completamente minada de hinchas de Racing. Obviamente mi cara de poker no demostraba mi alegría interior, que lindo es verlos calientes por culpa de Balsas.

El tren por supuesto se tomó su tiempo, así que en Constitución el servicio del subte ya había terminado para cuando yo llegué. La solución fue salir a la calle y tomarme el 9, hasta Retiro.

Una vez en la estación, me dispuse a tomarme el tren hasta la estación San Martín, pero me topé con otra desgracia: el próximo salía en…¡¡¡45 minutos!!! No podía esperar tanto tiempo. Luego de consultarle a un uniformado, me dirigí hacia la parada del 152 para que me llevara hasta Cabildo y General Paz.

Estaba todo iluminado, pero el señor policía ya no se encontraba en mi campo visual. Por suerte no soy miedoso y sí bastante atento. En eso veo acercarse a un pibe en mi dirección. No le quité los ojos de encima. Al quedar a un metro mío me manguea. Esto que va a leer ahora es un consejo fundamental, nunca les dé nada. Es la oportunidad que ellos tienen para arrebatarle de las manos algo más. Le dije que no tenía nada, cuando gira hacia atrás, buscando algún compañero quizá. Justo llegó el bondi y me subí.

¿Qué hubiera hecho en caso de que el robo se hubiera hecho presente? Con la bronca que tenía acumulada, seguro intentar cagarlo a palos. Suerte que el colectivo apareció y me ahorró un disgusto.

Con la mala suerte que me venía acompañando, y el maldito transporte público que siempre se preocupa por recordarme que vivo en Argentina, ya en General Paz me dispuse a tomarme un remis que por 33 pesos me depositó en la casa de mi novia. Conversador el señor remisero, macanudo.

No es la primera vez que sufro en la calle luego de ver al Ciclón. ¿Valdrá la pena? Siempre vale la pena cuando de San Lorenzo se trata.