San Lorenzo necesita certezas

Atomik

San Lorenzo necesita certezas

Desde que volvió, Leandro Romagnoli no lo fue. Más allá de jugar ahora en un lugar que no es el suyo, el Pipi no alcanzó las expectativas generadas.

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Desde el momento en que se confirmó la vuelta de Leandro Romagnoli a nuestro Club, los hinchas soñamos con ver al Pipi que nos deslumbró en 2001 con el Ingeniero Pellegrini y en 2002 con Rubén Insúa.

 

El antecedente de sus lesiones encendía una luz de alerta sobre su estado físico, especialmente sobre la salud de sus rodillas, que tan mal lo trataron.

 

Algunos partidos como los de River y Estudiantes alcanzaron para que el medidor de esperanza llegue al tope de sus posibilidades.

 

Pero siempre hay un pero en la historia reciente de San Lorenzo y la maldita rodilla dijo basta convirtiendo a la esperanza en desilusión, coincidiendo con el declive de la gestión de Simeone al frente del plantel.

 

Varios meses después y con la llegada de Ramón Diaz, Leandro se pareció un poco al Pipi, pero el equipo no acompañó. Igualmente, Romagnoli con sus dolores de rodilla a cuestas terminó siendo de lo mejor de un equipo mediocre.

 

La versión 2011 del tatuado hasta ahora se debate entre los partes médicos dudosos (descomposturas, fiebres) y flojísimos rendimientos. Todo esto acrecentado por una posición en la cancha que nunca sintió y que lo obliga a un despliegue físico que no está en condiciones de hacer.

 

Romagnoli es el jugador franquicia de San Lorenzo, algo así como Tim Duncan en San Antonio Spurs o Kobe Bryant en los Lakers. Nadie imaginaría una actuación de estos jugadores con 5 puntos y muchos menos un año y pico con actuaciones de esta categoría.

 

Por mas que nos duela a todos los Cuervos, Romagnoli no es mas el Pipi, aunque su contrato y lugar en el plantel le den obligaciones que son mucho más importantes que lo que está mostrando dentro de una cancha. El presupuesto del Ciclón obliga a gastar el dinero en certezas, y Romagnoli desde que llegó no es certeza de rendimiento dentro de un campo de juego.

 

Llego a esta conclusión desde el dolor profundo de ver que el ídolo ya no es el jugador que los hinchas queremos que sea, ese que nos asegura ser la luz en el camino en los momentos en que el equipo transita por la oscuridad, ese que da el pase exacto en el momento indicado para cambiar la historia de un partido, ese que hace un gol o una jugada para que una historia que pinta complicada se convierta en un fin de semana de felicidad.

 

Es innegable la calidad técnica del Pipi, pero las malditas rodillas no ejecutan lo que indica el cerebro, por lo que Romagnoli pasa a ser un jugador que no está en condiciones de desequilibrar dentro de la cancha.

 

Por suerte, el Pipi es un referente positivo dentro del plantel y está lejos de generar los conflictos que genera la presencia de Riquelme en Boca, si no el problema sería aún mayor.

 

Ojalá que nuestro número 10 se recupere y todas estas líneas se conviertan en un gran blooper dentro del periodismo azulgrana, pero mientras eso no suceda el equipo va a seguir necesitando que su máximo referente futbolístico dentro de la cancha realice un trabajo que no puede hacer.

 

De ahora en más, la dirigencia azulgrana deberá incorporar más certezas que recuerdos, más jugadores que den garantías. Si no, la lección no será aprendida.