Papá es un ídolo
San Lorenzo jugaba mal y no podía ante un Boca peor, pero Aureliano Torres clavó un golazo de media distancia y subió al Ciclón a la punta, junto a Olimpo y Banfield. Y la paternidad se sigue agrandando…
Hay partidos en los que por más mal que uno juegue, los gana. No importa cómo se llega al triunfo, pero se termina festejando. Eso se puede decir de este San Lorenzo, acostumbrado a festejar ante Boca, rival al que aventaja (ahora) por 9 partidos en el historial. Quizás el juego mostrado esta tarde-noche no fue el mejor, pero era para lo que pasó, para ganarlo con un gol de otro partido.
Ya de arranque nomás, se vio que ambos equipos tenían poco para proponer, con esquemas un tanto mezquinos o cerrados, con falta de creación en ataque y escasas chances de gol. Recién a los 10 minutos se pudo contabilizar la primera chance, un cabezazo de Palermo, uno de los tantos que tuvo en la noche, que tapó Migliore tras centro de Mouche.
Al minuto respondió el Ciclón, con un gran remate de tiro libre de Salgueiro, que sorprendió a Javier García, algo tapado por tanto tumulto en el área. Sin embargo pudo alejar el peligro. En la primera etapa no hubieron casi chances concretas sino era por medio de cabezazos o remates de media distancia.
La única, al ras del piso, la tuvo Pochi Chávez, tras un rebote en el borde del área, quedó mano a mano con el Loco, que tapó el remate del volante con esa parte sagrada de la parte inferior que tienen todos los hombres. Todo sea por defender el cero. A los 23, tras un taco de Menseguez y centro de Carmona, el que cabeceaba mal era Salgueiro. Su remate salí muy despacito, con poca violencia. Colazo también avisaba tras un centro, pero su remate con el parietal se iba lejos.
La última clara del primer tiempo, fue para el local: tras un corner de Aureliano, Bottinelli no llegó a conectar bien de aire y su remate terminó sin peligro. Así se iban al vestuario, mostrando poco y nada de fútbol y un encuentro muy pobre.
En el complemento, Chaco Torres reemplazó al lesionado Guille Pereyra. Sin embargo, la monotonía del partido continuaba. Dos equipos muy pasivos, con pocas ideas, y alguna que otra pierna fuerte. Muchos jugadores de Boca fueron amonestados en pocos minutos. A los 2 minutos, Aureliano avisaba con un gran tiro libre que pasó cerca del ángulo de García. Tras un corner, nuevamente ganaba Botti, pero sin suerte.
Hasta que un remate fuera de lo común, de otro partido, pudo romper el cero del encuentro. Aureliano Torres tomó la lanza, avanzó con el balón, y al no recibir ninguna marca, le pegó desde 30 metros. Un gran remate con efecto, que parecía que se iba afuera, tanto, que el arquero rival apenas se inmutó por el remate. La pelota se cerró y se clavo en el fondo de la red. Un golazo, y fiesta en el Bidegain.
El Xeneize trató de reponerse del duro golpe y fue al ataque en busca del milagro. El único recurso utilizado fueron los peligrosos cabezazos de Palermo, bien resueltos por Migliore y otros erráticos que se iban por la línea de fondo. Ni siquiera le alcanzó con el ingreso de Erviti, silbado de principio a fin por la multitud local que colmó las tribunas.
Sobre el final, y casi con el triunfo en el bolsillo, Ramón se guardó a la gente en el ídem con los cambios: reemplazó a un algo cuestionado Matías Giménez, pidiendo el aplauso general del público hacia el jugador, y sobre el final, hizo ingresar al ídolo de la gente, el Pipi Romagnoli. Y de paso, para que el ¨10¨ vaya tomando confianza para volver muy pronto en óptimas condiciones.
Lo cierto es que San Lorenzo no brilló, pero tampoco merecía perder. Consiguió un gol de una jugada aislada y se llevó tres puntos que lo suben a la cima del campeonato momentáneamente y le permiten seguir alargando el historial ante un rival muy odiado por todos. Y lograr así, un gran envión anímico para pensar con optimismo en lo que viene. Por lo pronto, el próximo domingo tocará una parada brava ante el Vélez de Gareca. Pero eso será más adelante, ahora es momento de festejar. La paternidad, más firme que nunca.

